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Para Vince, quien me roba el sueño…

A pesar de que suelo ser muy expresiva pocas veces digo lo que siento, me cuesta mucho trabajo expresar mis sentimientos y mis emociones, mucho más cuando son por alguien.

Nunca, en toda mi vida había sentido algo tan lindo por una persona, me siento maravillada y asustada a la vez, pero me haces muy feliz.

Cada detalle hace que me enamore más de ti, y pensándolo bien, desde el momento en el que te miré por primera vez supe que serías especial… espera esto no es broma, es tan cierto como que en este momento que te veo a lo lejos muero por besarte, por gritar a los cuatro vientos que te quiero y que no me importa nada más, nada, sólo tú.

Eres mi amor, mi vida, mi sueño, mi razón de ser, mi motivación para despertarme todos los días aunque el cielo se torne nublado y luego comience a llover como en este momento allá afuera.

Eres un hombre maravilloso y aunque siempre dudes o me digas que no, es así.

Te admiro y callé mucho tiempo lo que sentía por ti por una razón: el miedo, tenía miedo a que me rechazaras por eso cada día al irnos juntos te cantaba “si fuera más guapa y un poco más lista, si fuera especial, si fuera de revista”, no tenía el valor de cruzar esa frontera tan linda de la amistad para besarte y decirte que me encantabas.

Pero lo hice (y no lo puedo creer), eres mi mejor riesgo y quiero estar a tu lado el tiempo que haya que estar para valorarte y quererte mucho.

Te quiero vido!

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Cuando estoy a punto de reventar, siempre me es necesario escribir. Escribir aunque todo lo que lea después me parezca una basura. A veces me siento una basura, pero de esas que vuelan por la calle, que parecen aves. Aves que se posan en el sentimiento más profundo, como este sentimiento tan nefasto que a veces siento… como hoy. Me caga febrero, no porque la mercadotecnia haga su agosto, me caga porque es tan cursi como las despedidas de los enamorados en las estaciones del metro, como los que se besuquean en medio de los puentes, como los pinches parques con novios dándose gusto. Me recaga febrero por que es como rojo, con rosa, con corazones, con globos, rosas y peluches. Me cagan los peluches, no hay nada más inútil que regalar un peluche, ¡ni que fuera niña!

Me repatean los cursis, pero debo confesar que todos llevamos ese lado cursi en algún lugar de nuestras humanidades y hasta en los momentos menos pensados he caído en la melcocha barata.

Este 14 de febrero estoy sola, pero guapa, contenta, más buena que antes, con metas cumplidas, sin una relación estable de esas a las que les huyo cada que puedo, con amigos que quiero y que siempre están para mí en mis peores y mejores momentos porque saben que es mutuo el amor a ellos.

Soy el Grinch del amor, justo cuando me tiene entre la espada y la pared me le escurro por los lugares menos pensados y salgo sin un raspón. Me cagan las frases como: “amors”, “mi pichocho”, “tiamou”, “bebé”, “miel sobre hojuelas”, “derrochan miel”… y esas cursilerías.

Estoy a punto de ponchar todos los globos de helio que vea en la calle si alguien no me detiene, sus colores son tan radiantes y esos corazones son tan clásicos que hasta ganas de vomitar dan.

Puedo verme muy amargada tal vez, pero como decía en aquella canción el ‘Divo de Juárez’… “Yo no nací para amar, nadie nació para mí”.

Cuando estoy a punto de reventar, siempre me es necesario escribir. Escribir aunque todo lo que lea después me parezca una basura. A veces me siento una basura, pero de esas que vuelan por la calle, que parecen aves. Aves que se posan en el sentimiento más profundo, como este sentimiento tan nefasto que a veces siento… como hoy. Me caga febrero, no porque la mercadotecnia haga su agosto, me caga porque es tan cursi como las despedidas de los enamorados en las estaciones del metro, como los que se besuquean en medio de los puentes, como los pinches parques con novios dándose gusto. Me recaga febrero por que es como rojo, con rosa, con corazones, con globos, rosas y peluches. Me cagan los peluches, no hay nada más inútil que regalar un peluche, ¡ni que fuera niña!

Me repatean los cursis, pero debo confesar que todos llevamos ese lado cursi en algún lugar de nuestras humanidades y hasta en los momentos menos pensados he caído en la melcocha barata.

Este 14 de febrero estoy sola, pero guapa, contenta, más buena que antes, con metas cumplidas, sin una relación estable de esas a las que les huyo cada que puedo, con amigos que quiero y que siempre están para mí en mis peores y mejores momentos porque saben que es mutuo el amor a ellos.

Soy el Grinch del amor, justo cuando me tiene entre la espada y la pared me le escurro por los lugares menos pensados y salgo sin un raspón. Me cagan las frases como: “amors”, “mi pichocho”, “tiamou”, “bebé”, “miel sobre hojuelas”, “derrochan miel”… y esas cursilerías.

Estoy a punto de ponchar todos los globos de helio que vea en la calle si alguien no me detiene, sus colores son tan radiantes y esos corazones son tan clásicos que hasta ganas de vomitar dan.

Puedo verme muy amargada tal vez, pero como decía en aquella canción el ‘Divo de Juárez’… “Yo no nací para amar, nadie nació para mí”.

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Que bonita es la Ciudad de México… cuando tienes los ojos cerrados

Que si es la ciudad más habitada del planeta, que si puedes hacer más de cinco horas diarias de tráfico, que si Tepito es la capital de la piratería, que si son el ombligo del mundo, que si es la urbe que guarda la historia de México, que si sus tortas de tamal, que si las quesadillas no necesariamente deben tener queso, que si sus pulcatas y sus mezcalerías, que si su súper Polanco, que si su Xochimilco, que si su smog, que si su gente tan estresada, que si el Metro es más rápido pero el Metrobús es más seguro, que si Bellas Artes está hundiéndose, que si es el palacio del taco y si son ‘al pastor’ mucho que mejor, que si ya se pueden casar las personas del mismo sexo y por ello son una cultura avanzada, que si los segundos pisos, que si las exposiciones sobre reforma, que si su zona rosa si es muy rosa, que si todos los caminos no conducen a Roma sino al DF.

A decir verdad, a veces no me encuentro en esta bella y complicada ciudad y cuando eso pasa, que en ocasiones es muy frecuente por el hecho de ser provinciana, pues cierro los ojos y ya. Algunas veces la amo, otras veces la odio. Es como rara mi relación con esta capital que se incrustó hasta en mi forma de hablar. Ahora cuando voy a Sinaloa me dicen… ‘chilanga’, mis amigos chilangos me dicen ‘norteña’ y a veces no me entienden cuando les hablo y eso que parlamos el mismo idioma.

Todavía recuerdo cuando un muy querido amigo español me dijo: “la ciudad de México huele a garnacha”,  es verdad, pero se antoja. Su clima es envidiable, yo que vengo de tierra caliente puedo necesitar abrazos a cada hora por los fríos que mi cuerpo llega a sentir. Me tuve que acostumbrar a salir de casa con paraguas, con abrigo, con gorro y guantes. Me tuve que mentalizar de que al escucharme hablar me iban a preguntar que si de dónde soy, ahora si no me dicen un piropo en la calle considero que no es mi día, y es que los chilangos  no me bajan de ‘bonita’, ‘mi reina’, ‘princesa’, ‘sabrosa’, ‘jugosa’, ‘mamacita’,  entre otras chuladas que me han gritado en la calle.

Y es que a decir verdad, no me siento ni de aquí, ni tampoco de allá del norte, soy como una especie de monstruo capitalinoprovinciana que cierra los ojos y ve el Distrito Federal más bonito.

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La belleza puede costar… muy caro

Como si la belleza estuviera peleada con el resto de los pecados que uno como mujer puede llegar a cometer. En Sinaloa a las mujeres nos enseñan desde muy chiquitas a lucir bonitas, ‘arregladitas’, bien pulcras como muñequitas; también nuestras mamás nos hacen pensar que somos como princesas y que por ello debemos ser tratadas por los demás como tal, como si fuéramos de la realeza, como si el mundo estuviera hecho para nosotras, y no nosotras para el mundo.

Pero se les olvidó algo, y no es reclamo para mi madre que si algo tiene es chambeadora, una mujer honrada y de ejemplo. Nunca nos dijeron que estos atributos pueden estar ligados a otros no tan agradables. Somos ‘mulas’, cabronas y bien ‘machas’. Muchas veces ni pensamos en el riesgo que conlleva ser tan aventada en la vida, tampoco hasta dónde puede llegar esa ambición de ser siempre unas princesas, pero algunas no se conforman con ese título noble, algunas quieren ser ‘reinas’… Reinas de belleza…

Sinaloa, considerado un estado bendito por las mujeres que posee, algunos hombres que nunca habían pisado antes mi estado vociferan “Parece el paraíso, por donde voltees hay muchachas guapas”, otros en cambio aseguran que es un infierno. Y es que mi estado es una mezcla de ambos, en pocos segundos puedes pasar del cielo al infierno si te descuidas tantito. Sabemos desde pequeñas que con una carita tan bonita, ¿quién se va a atrever a pensar que somos un desmadre?.

Después de enterarme que nuevamente la mujer sinaloense se encuentra en el escrutinio público a raíz de la noticia sobre la muerte de una joven reina de belleza que fue localizada entre una refriega de gatilleros y militares, todo esto tiene una razón.

No es casualidad, tampoco es algo nuevo. Siempre, desde que mi abuela era una jovencita, estas cosas suceden, pero antes no se iban con los mafiosos por su propia voluntad. “Si le gustabas a un capo, te agarraba de las greñas en la calle y te subía a su troca”, me dijo un día mi abuela, y eso sucede hasta ahora, pero antes no era tanta la necesidad, tanto el lujo y la ambición. Ahora solitas se suben a la ‘troca’ con la esperanza de adquirir un poco de ese poder que dan los lujos exacerbados.

Estar bella cuesta, pero también tiene sus consecuencias, está claro… el arriesgue. Susana Flores, es un reflejo de las mujeres que a diario mueren en el presunto ‘fuego cruzado’, de las que pierden la vida al lado de sus amores, de las que se saben que esto algún día de mala suerte pueden terminar mal, al igual que sus conquistas.

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Tú no es lo mismo que tu, que tu locura innata, que tú queriendo tenerme cuando yo ya soy de tu cuerpo, de tu boca, de tu piel mucho antes de que tú me tuvieras de manera carnal.

Tu, no es lo mismo que tú queriendo seducirme a entrar en tu juego, cuando tu mirada fija me inventa una caricia que sale de tu inmediatez.

Tú o yo, es un preámbulo tan frío si no hay de por medio un café, un chocolate o una plática que sale tan inventada de tu boca y queda tan extraña cuando evito el “tú” y le hablo de “usted”.

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Ya han pasado más de ocho meses desde que decidí salir de la ciudad que me vio nacer y crecer, en la que me enamoré miles de veces, en la que sufrí, en la que me formé como mujer, como profesional, en esa ciudad que nunca la sentí tan mía, pero de la cual nunca me canso de hablar y presumir. A unos días de ir de visita a esa ciudad, me siento rara, como si me diera miedo que me pase por la cabeza quedarme de nuevo en ese lugar. Debo confesar que la Ciudad de México me ha dado todo lo que he querido, me ha dado el amor, el trabajo, la lluvia, el frío permanente, la nostalgia de extrañar casa, los bellos paisajes, las visitas a museos, la música, esas tardes de café, y ese sentimiento de profunda satisfacción. Muchas veces me advirtieron lo difícil que es salir de casa, y sabía del posible fracaso, lo he visto en otras personas, como es que regresan a sus lugares de origen con las manos vacías. Yo he decidido regresar a casa con miles de experiencias, de visita, no a quedarme. Mi vida se ha mezclado con el caos, con el tráfico, las constantes lluvias, el smog, esa manera apresurada de vivir y me gusta, me gusta tanto más que el olor a pólvora, el sonido de los rifles de asalto, la brisa de la playa y la tambora.

Lo siento Sinaloa, la Ciudad de México me ha enganchado a ella y he comenzado a construir mi vida en este lugar, al que antes era tan sólo un sueño muy lejano de alcanzar.

Ya han pasado más de ocho meses desde que decidí salir de la ciudad que me vio nacer y crecer, en la que me enamoré miles de veces, en la que sufrí, en la que me formé como mujer, como profesional, en esa ciudad que nunca la sentí tan mía, pero de la cual nunca me canso de hablar y presumir. A unos días de ir de visita a esa ciudad, me siento rara, como si me diera miedo que me pase por la cabeza quedarme de nuevo en ese lugar. Debo confesar que la Ciudad de México me ha dado todo lo que he querido, me ha dado el amor, el trabajo, la lluvia, el frío permanente, la nostalgia de extrañar casa, los bellos paisajes, las visitas a museos, la música, esas tardes de café, y ese sentimiento de profunda satisfacción. Muchas veces me advirtieron lo difícil que es salir de casa, y sabía del posible fracaso, lo he visto en otras personas, como es que regresan a sus lugares de origen con las manos vacías. Yo he decidido regresar a casa con miles de experiencias, de visita, no a quedarme. Mi vida se ha mezclado con el caos, con el tráfico, las constantes lluvias, el smog, esa manera apresurada de vivir y me gusta, me gusta tanto más que el olor a pólvora, el sonido de los rifles de asalto, la brisa de la playa y la tambora.

Lo siento Sinaloa, la Ciudad de México me ha enganchado a ella y he comenzado a construir mi vida en este lugar, al que antes era tan sólo un sueño muy lejano de alcanzar.

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thankyoufortheadventure:

…please santa, ive been semi good girl this year..i think this kitten wants me as much as i want it… paalllleeeezzzzz <3 <3

thankyoufortheadventure:

…please santa, ive been semi good girl this year..
i think this kitten wants me as much as i want it… paalllleeeezzzzz <3 <3

(Source: giraffesgetgiddy, via ahistoryofweedcraft)

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petapeta:

ZsaZsa Bellagio
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Uno puede cometer cualquier clase de idioteces en el nombre del amor, o por lo menos pensando que sé está totalmente enamorado de una persona, incluso hasta perder a los amigos, como cuando era adolescente. En mi caso no fue amor,  fue una estupidez.

Una estupidez que me llevó a rebasar la realidad y a pensar que uno puede ser correspondido con la misma intensidad que quiere. Desde luego, eso nunca sucedió, tal como es el amor, nunca se quiere de la misma forma, he ahí mi primera decepción amorosa. La recuerdo con aquellos Converse, mis cabellos multicolores, mis canciones medio punk y todo era como fúnebre para mi. Hoy la vida me ha puesto en situaciones diferentes, me ha brindado otras metas y otras batallas que he ido sorteando con éxito.

Y fue hasta esta noche de Sábado de Gloria que me desperté con “Estos labios, estas manos, que no paran aunque estoy tan débil, de intentarlo y fallar tanto”, mi canción favorita de la adolescencia cuando estaba locamente enamorada de un chavo que no tenía nada de guapo, pero que yo veía como Johny Deep. Que bonito es ver superados esos viejos amores y que sigo sin salir raspada dentro de tanta melcocha barata.

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Las damas no tenemos memoria…

Con un poco de suerte y todo esto puede tener una solución favorecedora.

No sé si me interesa, a estas alturas del partido cuando la casa pierde más de diez entradas y no hay nada que hacer para salvar la jugada.

Los días pasan y cada vez más tu cuerpo, tus labios, tu voz van desapareciendo de mi memoria. En esta ocasión, las damas como yo no tenemos memoria.

Perdí, por un momento la cabeza, el orgullo, la decencia, la moral y todo por ti. Ya no más, desde aquí soy intachable, pulcra y no hay nada que hacer conmigo.

Veo el umbral de un camino diferente al que pretendí llegar cuando te conocí. Sólo quedan un par de buenos momentos que la misma lluvia de hace días destiñó al mojar mi rostro.

El sol salió, la primavera llegó y con ella me voy, hasta que aparque el otoño, la estación que me gusta, en la cual me siento cómoda y ahí buscaré otros labios, otros brazos más fuertes tal vez; dónde me refugiaré para emprender nuevos viajes, nuevas esperanzas y quizá otras ilusiones.

No queda nada, no entiendo bien si esto es una despedida o simplemente el tiempo se ha encargado de alejarnos sin que yo me haya dado cuenta. Ya no dueles, ya no quemas, ya no me pones… ¿qué fue lo que pasó?